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Confortable numb...

Confortable numb...

Cuando Nicholas Negroponte publicaba “Ser Digital” en los umbrales del siglo XXI, no pensó que los seres humanos se transformarían en un manso rebaño digital. Es que en las últimas décadas se hace evidente la contradicción que supone el avance de la tecnología en información y el retroceso intelectual del “hombre medio”, que vive confortablemente dentro de un sistema preestablecido, sin preocuparse demasiado por hacerse preguntas y reflexionar sobre los aspectos esenciales del ser humano y su vida en sociedad, de la historia, del conocimiento.

Tener información, vivir en tiempo real, estar conectado, comunicarse por imágenes, no implica resolver el verdadero problema que es vivir en la era de la información.

La crisis en la educación no escapa a esta era. Equivocadamente algunos suponen que instar al uso de la “tecnología” informática es determinante por sobre todo concepto, cuando en realidad la calidad que tanto anhelamos en la educación depende de la tecnología educativa cuya profundidad sirva para

promover la reflexión y la independencia de criterio. Pero en esta falsa modernidad, las nuevas generaciones son prediseñadas para formar parte de ese rebaño a partir de un proceso de alineamiento y no de aprendizaje. Es más fácil acceder al método fácil que esforzarse por el desafío que propone el desequilibrio positivo de aprender.

Leer tweets no reemplaza a un libro, comunicarse por imágenes no reemplaza a la palabra ni a la escritura, vivir conectado en el instante no reemplaza la reflexión sobre la historia y su impacto en el presente. Y ninguna red social reemplaza la interacción humana.

Facilitar los medios para aprender a partir de la tecnología en información no implica hacer fácil lo que no es, que es desarrollar el pensamiento a partir del cual percibimos, proponemos, cambiamos la manera de ser y ver el mundo.

Claro que no hay que generalizar, siempre hay una élite que se plantea los desafíos de aprender y lo toma como un obstáculo a sortear. Esos son lo que finalmente diseñan el ámbito en el que vivirán como súbditos aquellos que son educados a partir de respuestas sin esforzarse en la tarea de hacerse las preguntas que conducen al darse cuenta, para después imaginar y construir. Es más confortable seguir instrucciones que hacerse los planteos que no se resuelven con instrucciones.

Es más fácil incitar a la competencia que motivar a ser excelente en un espacio creado por uno mismo. Es más fácil estar informado que preocuparse por diseñar la propia información.

Y quienes conducen, son los que diseñan, los que provocan, los que reformulan lo conocido.

Cuando estamos abordando el problema de la educación, y planteamos educación para todos, no significa facilidad para alcanzar los logros. Implica una puerta de entrada a un ambiente en el que la complejidad exige voluntad y capacidad. Y no estoy hablando de un rigor estúpido, estoy hablando de cuestiones relevantes que constituyen la esencia del ser humano como humano, y no como un robot mediocre, común, automático, previsible, manso…

En un mundo de “bots”, el ser humano debe evolucionar hacia una condición que le permita resolver cuestiones humanas, las que tienen que ver con la interacción, con la integración, con la negociación, con la influencia, para lo que no se requiere una regla nemotécnica ni un samartphone, sino una profunda capacidad intelectual que surge de la convergencia entre conocimientos, aptitudes y actitudes.

¿Para que sirve comunicarse digitalmente si no tenemos capacidad de interactuar en persona? ¿Como explicamos en fotos e imágenes Cien Años de Soledad? ¿Cómo reemplazamos la filosofía por breves mensajes de twitter o por conceptos “libres” en Wikipedia?

Ser digital es aprovecharse de la evolución para no transformarse en un “tonto digital”, uno más del rebaño.

La educación para todos no debe ser fácil para todos. Porque los que hoy suponen confortabilidad quedarán adormecidos en la matrix…

No nos quejemos después, que la civilización que hemos creado sea simplemente un conjunto de zombies que deambulan por el mundo como autistas encerrados en su tablet tratando de sobrevivir y no de convivir.

Ser digital, pero no tonto. Promover la profundidad y no la superficialidad. Esa es la cuestión.

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